Una marea de reclamos: la Universidad en la calle

El mes de agosto dejó un hecho importantísimo que marcó la agenda de Argentina: la Marea Universitaria, que se extendió por todas las Universidades públicas del país, a partir de reivindicaciones estudiantiles y lucha por salarios dignos para los docentes.

Hay dos frases contundentes sobre lo que el gobierno de Cambiemos cree que significa la Universidad: “¿Qué es esto de andar abriendo universidades por todos lados? “,[1] fueron las controversiales declaraciones del presidente Mauricio Macri el 1° de noviembre del 2015 en una conferencia dada en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. 

Los que nacen en la pobreza nunca llegan a la Universidad “,[2] afirmó la Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal el 31 de mayo pasado en un evento organizado por el Rotary Club. ”

El sitio web El gato y la Caja3, publicó un artículo -con fecha el 29 de agosto de 2018- que provee un dato revelador: el impacto a nivel presupuestario de las 17 universidades creadas durante el kirchnerismo, es del 4,4% del total destinado al conjunto de ellas.

aunque tenemos una Universidad pública, gratuita y de calidad, lo cierto es que las oportunidades de acceso no son realmente iguales para todos.

Algunos dudan entonces de si ‘el problema de la Universidad pública’ no es en el fondo un reclamo relevante sólo para algunos, lejos de ser urgente en una sociedad donde más de la cuarta parte sobrevive en la pobreza: la última medición en base a datos del INDEC (septiembre de 2018) nos reporta un 27,3% de personas sin las necesidades básicas cubiertas.

Esa pobreza y las desiguales oportunidades para acceder a la educación no van a modificarse si damos pasos hacia atrás: trabajar por la igualdad puede requerir más, pero difícilmente menos educación.

En este contexto y en el marco de una serie de actividades para visibilizar esta situación que atraviesan las universidades nacionales, docentes y alumnos realizaron un estudiantazo frente al rectorado de la UNL el 22 de agosto pasado, convocado desde la Facultad de Humanidades, y del que participaron más de dos mil personas.

Fue una de las manifestaciones en defensa de la educación pública más contundentes y plurales de -por lo menos- los últimos 17 años. No hubo secreto: la organización horizontal a través de asambleas, imitada del movimiento feminista, fue clave para salir a luchar por derechos educativos.

Hubo una gran participación de distintas Instituciones educativas y de la ciencia, dándole empuje al reclamo y haciéndolo más visible.

Si bien las condiciones políticas para las tomas fueron habilitadas por el paro por tiempo indeterminado, también es cierto que reforzaron las medidas de fuerza, visibilizaron públicamente las demandas y les dieron volumen a las movilizaciones realizadas en todo el país.

Ante una situación cada vez más compleja, en donde las partes no llegaban a un acuerdo y el diálogo no parecía alcanzar, los estudiantes protagonizaron una masiva marcha que fue de Ciudad Universitaria a Rectorado, ida y vuelta. Al frente iba Humanidades, la primera facultad tomada de la UNL.

La jornada terminó con la ratificación de la toma de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas. Como en la Reforma Universitaria de 1918: los estudiantes hicieron historia.

El reclamo universitario fue contundente, creció de a poco hasta convertirse en un enorme grito popular que unificó distintas voces. La lucha se volvió general y transversal. Fue además democrática, plural y genuina.

Por eso, el Gobierno le teme a la masa estudiantil y arma conspiraciones que no existen, porque ve que la huelga universitaria puede confluir con otros sectores.

El Estado se propuso reducir el déficit fiscal, por lo tanto, algún sector debe pagar los costos; la decisión acerca de dónde saldrá ese dinero, lejos de ser simplemente una cuestión técnica, constituye una elección política.

Si la educación, su calidad y las condiciones laborales de sus trabajadores son tratados como factores de ajuste, entonces lo que tenemos es un esquema de prioridades en el que la educación se concibe más como un gasto que como una inversión.

Sin embargo, en un sistema democrático la sociedad puede movilizarse y reclamar activamente que esas prioridades se reconsideren.

Por todo lo antes mencionado, ¿es posible que tengamos una educación pública y gratuita? Sí, la educación pública y gratuita se defiende, no se administra como una empresa. Son necesarios salarios y condiciones laborales dignas para una enseñanza de calidad.

Siguiendo con uno de los lemas del Paro Nacional Educativo de septiembre pasado, es urgente “Una educación pública que enseñe a pensar y no a obedecer” ■ 

[1]  Cita online  Nota de sitio web ‘’Política Argentina’’, 1/11/2015 https://www.politicargentina.com/notas/201511/9399-macri-que-es-esto-de-universidades-por-todos-lados-basta-de-esta-locura.html

[2]  Cita online Nota del sitio web ‘’La Tecla Info’’, 30/5/2018

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